Vamos por mi tercer Mundial en Japón

Llegué a Japón en marzo de 2017. No lo sabía entonces, pero ese momento marcaría para siempre mi forma de vivir el fútbol. El Mundial de 2018 fue el primero que vi aquí, lejos de Perú. El de 2022 ya lo viví con mayor familiaridad, compartiendo comentarios con amigos vía online, costumbre que se fortaleció tras la pandemia. Y ahora, en 2026, tocará seguir un Mundial con partidos programados en la madrugada de Japón.

 

Tres Mundiales, dos países y dos formas distintas de sentir el fútbol.

En Perú, el fútbol no se ve: se vive. Se grita en familia, se comenta con los vecinos, se sufre en grupo. Cada partido es una montaña rusa emocional. Incluso cuando la selección no atraviesa su mejor momento, la pasión permanece intacta.

En Japón, en cambio, el ambiente es diferente. No es que falte emoción —la hay—, pero se expresa de otra manera. La gente se reúne, sí, pero el respeto por el espacio del otro, el control emocional y la organización marcan la experiencia. A veces se aplaude más de lo que se grita. Y eso, al inicio, sorprende.

Recuerdo mi primer Mundial aquí: buscaba ese ruido, ese caos tan familiar. No lo encontraba. Con el tiempo, sin embargo, empecé a valorar otros aspectos: la disciplina, el análisis del juego y la admiración por el esfuerzo colectivo. Japón no vive el fútbol con menos intensidad; simplemente lo vive distinto. En Rusia 2018 pude acompañar a la selección peruana, incluso con una transmisión en japonés. Eran otras vibras, sin duda.

Hoy, en mi tercer Mundial en este país, siento que estoy en un punto intermedio. Ya no veo el fútbol solo como peruano ni completamente como japonés: lo vivo desde una mezcla de ambos mundos.

Desde la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998, siempre me llamó la atención la llamada “Naranja Mecánica”, la selección de fútbol de los Países Bajos. Tal vez por su estilo, por su historia o por esa sensación constante de estar cerca de la gloria. Al mismo tiempo, soy consciente de que este torneo podría ser la última gran oportunidad de Cristiano Ronaldo, mientras que la dupla de “los Lionel”, Messi y Scaloni, buscará una hazaña histórica: ganar el torneo por segunda vez consecutiva.

Sobre la Selección de fútbol de Japón también hay ilusión. El equipo dirigido por Hajime Moriyasu tiene una oportunidad interesante, siempre que las lesiones respeten al plantel. Personalmente, tengo mucha expectativa por lo que pueda hacer Kaoru Mitoma. Siento que el jugador formado en Kawasaki puede ser una de las revelaciones del torneo. Ojo que el equipo viene de derrotar a Brasil en septiembre y a Inglaterra en marzo.

Si miro a Sudamérica, más allá de los favoritos habituales, me resulta interesante el caso de la Selección de fútbol de Paraguay. Con un equipo compacto y ordenado, podrían sorprender y llegar más lejos de lo esperado.

Quizás eso es lo más interesante de vivir en el extranjero: no solo cambias de lugar, también cambia la forma en que sientes las cosas. Y el fútbol, como pocas, lo deja en evidencia.

Este Mundial no será solo otro torneo para mí. Será, de alguna forma, un reflejo de ese viaje entre dos culturas que sigo recorriendo. Serán días en los que probablemente duerma poco, reviviendo ese fanatismo que arrastro desde mi vida en Sudamérica. ¿Qué país crees que se llevará la Copa? El jueves 11 de junio daremos el pitazo al nuevo sueño.