Después del verano tendemos a sentirnos muy cansados o nos enfermamos sin motivo alguno, pero sí hay motivos y es por eso que hoy quiero hablar sobre el burnout.
Algunos síntomas son: Despersonalización, no sientes empatía y sientes que no eres tú.
Hay 10 señales:
- Físico, mental, emocionalmente te sientes agotado o irritado por cualquier cosa.
- Te alejas de tu familia y amigos.
- Tu sueño se vuelve irregular o no duermes nada o te despiertas con facilidad.
- Casi siempre estás irritado o con cambios de humor.
- Te sientes apático, sin motivación, ni propósito.
- No estás conectado con la persona que tú eras.
- Tienes falta de concentración.
- Descuidas tus necesidades.
- Pierdes interés en lo que antes hacías con gusto.
- Casi todo el tiempo te sientes abrumado y ansioso.
La raíz de todo esto tiene que ver con:
- La personalidad del individuo:
– Puede que seas una persona perfeccionista, que quiere controlar todo y se te dificulta pedir ayuda.
– Puede ser tu ambiente de trabajo. El cual puede ser caótico, o que haya falta de reconocimiento, o que no te sientas valorado, tus metas y tus necesidades no están siendo satisfechas (no solo en el trabajo, sino en tu propia casa, con tu familia, pareja e hijos).
– Tu estilo de vida: Demasiado trabajo y el que tú te impones o tareas por realizar que son importantes, pero que no te ha dado tiempo terminar.
– Tu alimentación puede ser irregular, no te nutres bien y comes cualquier cosa.
– Tu sueño, no estás durmiendo bien.
- La cultura:
La cultura glorifica la productividad, pero a costa de estar estresados. Pero uno no puede ser productivo si no atendemos nuestras necesidades básicas o primarias: Espiritualidad, creatividad, finanzas, carrera, educación, salud, actividad física, comida sana en casa, buenas relaciones familiares, vida social saludable, diversión entre otras. Debemos revisar este círculo de vida de vez en cuando para saber qué necesidad hay dentro que no me satisface.
El agotamiento emocional del burnout sucede porque nos quedamos atorados en una emoción.
Algunas causas que pueden provocarlo son:
* El síndrome del Dar: Sentimos que tenemos la obligación moral de siempre estar dando a pesar de poner en riesgo nuestra salud física y mental.
* Otra causa es porque como les mencioné arriba, nos quedamos atorados en una emoción, y no estamos haciendo nada al respecto para salir de esa emoción. Por ejemplo: El estrés que sentimos activa nuestro sistema de defensa (congelamiento, lucha o huida). Y ante una situación de «peligro» nuestro cuerpo se paraliza, lucha o escape y no sabes qué hacer, y salimos de nuestra ventana de tolerancia. Es como si vieras a un león ante ti, y antes de que te ataque le cae un rayo. Pero en lugar de correr y ponerte a salvo, te quedas paralizado y tu cuerpo se queda en el ciclo del estrés porque realmente no has hecho nada. Tu cuerpo no sabe que estás a salvo porque no le ha llegado la señal. Ahora, por ejemplo, no es un león lo que te provoca el estrés, es algo o alguien, del trabajo, de la familia, o de alguna amistad. Igual tu cuerpo se siente amenazado y te dice corre, pelea, y el estrés se vuelve más peligroso que la amenaza en sí, porque no estás haciendo nada para ponerte a salvo.
La manera más eficiente para salir de este ciclo y decirle a tu cuerpo que está a salvo es la acción. Hay que hablar el mismo lenguaje del cuerpo para que le llegue la señal y este lenguaje es el lenguaje corporal.
¿Cómo?
- Actividad física: Que esa actividad le diga a tu cuerpo que ya se fue «el león». Puedes salir a caminar, a correr, bailar, nadar, hacer estiramientos, relajamiento corporal, meditación y ejercicios de respiración.
- Interacción social. Reír. Sentirnos conectados con nosotros mismos mediante caricias y abrazos. Pon una mano en el hombro izquierdo y la otra en el hombro derecho y abrázate fuerte, esto te hará sentirte amado. Eso le dice a tu cuerpo que ya no hay peligro, que «el león» no existe y liberas oxitocinas y al liberarlas tu cuerpo se siente a salvo.
- Si tienes una mascota, darle mucho amor y si no tienes un peluche te ayudará a sentir ese calor que te hace falta a veces.
- Enamórate de ti, date mucho amor a ti mismo, es una explosión creativa de entusiasmo y excitación.
- Lo importante es que tu cuerpo sepa que estás a salvo, que el peligro ya pasó, al estimular tu sistema de calma.
- Vas a empezar a notarlo, va a cambiar tu humor, te vas a sentir menos tenso, y te vas a relajar.
¿Cómo prevenir?
- No busques la perfección, sino excelencia. La diferencia es que la perfección centra sus raíces en el miedo, en el fracaso, al qué dirán, a no sentirte suficientemente bueno, a no decepcionar a los demás. En cambio, la excelencia centra sus raíces en el aprendizaje, en el crecimiento, en ser cada día mejor.
- Cambia tus expectativas para que sean más flexibles, para que se vuelvan reales y no te frustres si no las completas como tú las tenías planeadas.
- Encuentra un significado en lo que haces y que lo que hagas te haga sentirte bien.
- Reconoce tus límites y vuelve a recolocarlos.
- Reconoce y valida tus emociones.
- Reconecta con las personas que son importantes en tu vida, que te apoyan, te ayudan.
- Conéctate contigo mismo y tus momentos a solas.
- Tener compasión y gratitud contigo mismo, involucra eliminar las hormonas del estrés y mejora el humor, te ayuda a tener una mejor relación contigo mismo.
- Diferencia lo que los demás esperan de nosotros versus lo que realmente somos y podemos ofrecer.
Todo esto puede ser un proceso difícil porque el sanar lo es, es un proceso conectado al dolor, pero es el proceso de crecer, florecer, madurar y ser fuerte. No podemos esperar a que el mundo cambie y, por tanto, nosotros sanemos, es un trabajo que nos corresponde solo a nosotros.
¡Cambias tú, cambia tu alrededor!
Por Dra. Irma Aráuz L. Psicóloga clínica y Doctora en Educación E-mail: arauzirmaic@gmail.com www.facebook.com/psicologairmaarauz