Vivimos en el Japón del Siglo XXI, el país de la seguridad y la tecnología. Yo me vine para vivir mejor, para vivir sin miedo. Sin embargo, los temores ahí siguen, como parte de una sensación general de no tener certezas. Yo no sé si tendré trabajo el próximo año, ni qué sucederá cuando expire mi visa. Incluso, el matrimonio es más frágil que nunca, al igual que el acceso a verdaderas oportunidades y la movilidad256 social. Ahora no sé si después de unos años podré tener por lo menos dónde descansar en paz. Para colmo de males, prendo la tele y veo cómo el mundo ha llegado a un punto de no retorno. Vemos las noticias y vemos que todo está cambiando, y la mayoría de la gente cumplimos el papel de espectadores lejanos conectados a través de nuestros dispositivos digitales. Desde esa ventana vemos de la guerra en Ucrania, las redadas en Los Ángeles, las protestas, los motines, ¡y vemos cómo el vecino finalmente se quita el pudor de decir Japanese First! Frente a ese panorama tan complejo, en esta ocasión quiero hablar sobre una forma muy común que tenemos de darle sentido al mundo cuando la incertidumbre crece. Me refiero a las teorías de la conspiración.
Las teorías de la conspiración están entre nosotros y todos las hemos escuchado. El Covid fue un experimento que se salió de control. La CIA está detrás de todo. Las vacunas anti-COVID contienen microchips. Las ONG defensoras de inmigrantes están financiadas por gobiernos extranjeros. En tiempos de incertidumbre, este tipo de explicaciones corren como el agua y las consumimos ávidamente como si estuviéramos descubrimiento un gran secreto. Nada de eso es comprobable; sin embargo, lo cierto es que toda teoría de la conspiración parte de alguna verdad bien sabida por todos. Los arreglos bajo la mesa entre las elites existen, al igual que la corrupción y la mala fe. Las teorías de la conspiración son entonces explicaciones complejas que combinan ficción y realidad. El resultado de tal combinación, es una versión de los hechos del mundo, que siempre está fundada en un complot, en una asociación secreta entre dos o más partes para sacar provecho de algo.
Las teorías de la conspiración tienen un alto grado de coherencia, lógica y verosimilitud; lo suficiente para ser aceptada por muchos, y dotarnos de un terreno discursivamente firme para poder juzgar todo lo que aprobamos o desaprobamos. Además, algo que tienen estas teorías, es la capacidad de vacunarnos ante la posibilidad de que nos tachen de crédulos e inocentes. Creer en alguna teoría de la conspiración te da la posibilidad de decir de antemano: “a mí no me engañan”, a pesar de que basar tus acciones en tales ideas te puedan llevar a ser una víctima de tus propias decisiones.
Para finalizar, recordemos que la mediósfera es un enorme caldo de cultivo teorías de la conspiración, y que estas son primas hermanas de los rumores y las fake news. Cuando somos bombardeados con verdades a medias y cuando la inteligencia artificial ha puesto en nuestras manos una herramienta enormemente poderosa que pone a prueba nuestra capacidad de discernir entre lo que es real o no, hoy más que nunca, las teorías de la conspiración se afianzan como herramientas culturales que nos hacen dudar de todo lo que nuestros sentidos perciben, ayudándonos a lidiar con la incertidumbre. Es así como seguimos con la vida, y seguimos siendo habitantes activos de la mediósfera, retuiteando, dando like, y compartiendo con las tías las teorías más fantásticas que nos resultan más convincentes, según nuestro sistema de valores y creencias. A final de cuentas, si el próximo año no me renuevan el contrato y me cancelan la visa, yo ya sé que todo es un complot del gobierno contra mí. Yo ya lo sé, a mí no me engañan.
Por Juan Antonio Yáñez



