Hace unos meses el Ministerio de Finanzas de Japón ha señalado que al menos el 40% de las universidades privadas deberían cerrar porque son deficitarias y no logran cubrir las vacantes mínimas para ser objeto de los subsidios públicos que el Estado otorga. Además de las 200 públicas que ahora son objeto de fusiones, las casi 650 universidades privadas reciben parcialmente un presupuesto público en base al número de estudiantes y criterios del Ministerio de Educación. Como consecuencia hay una oferta excesiva de universidades y carreras que no ofrecen los rendimientos ni la calidad educativa que los jóvenes de hoy necesitan.
Desde hace varios años, con la reducción de nacimientos y población joven se está discutiendo cerrar universidades que parecen más establecimientos recreativos que académicos y sus graduados no poseen una mínima formación profesional que el mercado laboral exige. Muchas de estas universidades privadas no tienen siquiera un examen de ingreso y con solo un escrito, una entrevista y el pago de la matrícula y el arancel del año quedan inscriptos. Y desde luego, salvo contados casos, casi todos, tengan o no una calificación adecuada o una tesis de licenciatura, egresan y salen a la sociedad. Es de no creer.
Actualmente, hay casi 3 millones de jóvenes en los claustros universitarios de Japón y cada año egresan unos 600,000 jóvenes donde en su gran mayoría tienen asegurado su primer empleo, algo totalmente inusual en el mundo. El tener un “título universitario” facilita el ingreso al mundo laboral, pero cada vez más no es garantía de estabilidad ni de mejora salarial y ascensos. Encima la IA (inteligencia artificial) está facilitando muchas de las tareas administrativas, contables y hasta de planificación de proyectos, que hasta ahora eran realizadas por muchos empleados que rotaban de sección a sección hasta jubilarse.
Por el momento, más del 95% de los graduados logran su primer trabajo, aunque antes del año, por diferentes razones, más del 10% dejan ese empleo para buscar otras alternativas. Si la empresa es pequeña o mediana el porcentaje es mayor y en tres años la mitad deja el trabajo. En las firmas líderes o en la administración pública esa proporción es menor.
Aun las carreras de idiomas o las consideradas humanidades como derecho, relaciones internacionales, economía, etc., en los cuatro años de Facultad no forman para un nivel que las empresas piden. Para algunas carreras es necesario complementarlo con una maestría (posgrado) de dos años para considerarse medianamente preparado. Los expertos insisten en que aun con maestrías o doctorados, no están formados como recursos humanos empleables. En Europa, este tema es patético y hay miles de “doctores” sin trabajo. En Japón también hay jóvenes que a pesar de su excelente formación en posgrados solo tienen empleos de docencia e investigación por contrato temporal y no tienen más remedio que buscar algo relacionado con su materia o enseñar en escuelas de la secundaria o seguir como profesor bajo contratos muy precarios.
La ventaja de Japón, al menos por ahora, es que tiene una baja tasa de desempleo juvenil del 4% y el promedio general es de 2.5% (junio de 2026). Sin embargo, los países vecinos como Corea del Sur, Taiwán y China, no solo vienen a Japón a estudiar, sino también a buscar empleo porque en sus países no tienen suficiente ofertas de trabajo. No en vano hay más de 400,000 estudiantes extranjeros en la categoría “ryugakusei”, de los cuales cada año unos 50,000 graduados intentan emplearse en Japón. Casi la mitad logra un contrato para obtener un visado de trabajo.
Dentro de este contexto, China ha anunciado que cerrarán o ajustarán más de mil carreras y decenas de universidades que no brindan la formación que el mundo de hoy requiere. Las universidades de estos países asiáticos son mucho más exigentes y competitivas que las de Japón y por ende hoy gozan de mayor prestigio internacional.
Hasta hace un par de décadas atrás el sistema educativo de Japón ha sido la fuente del progreso de este país y aún hoy, desde luego, hay muchos graduados bien preparados que ofrecen sus conocimientos y habilidades en la sociedad, pero la excesiva igualación hacia abajo y el no premiar adecuadamente a los destacados para evitar y tapar la repitencia de los alumnos, ha hecho que muchas escuelas de la primaria y la secundaria e incluso universidades, sean mediocres en contenidos y preparación.
Los impactos digitales y la incidencia de la inteligencia artificial (IA) en cada tarea y especialidad ponen en cuestionamiento muchas carreras, programas de estudio y hasta los posgrados. Algunos creadores de IA dicen que la desactualización que tienen muchas universidades es preocupante. Pero en los grandes cambios también aparecen nuevas necesidades y modalidades de trabajo y eso es lo que hay que tratar de comprender desde el lugar de cada uno. Si los jóvenes de hoy están dispuestos a trabajar e identificar las verdaderas necesidades y no solo priorizar sus preferencias, que en ocasiones son infantiles y alejadas de la realidad, es muy posible que sus habilidades digitales sirvan para mejorar el mundo laboral y social.
Por: Por Alberto Matsumoto
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