Actualizar los simulacros de evacuación: ¿qué lugares son más seguros durante un terremoto?
24 de enero de 2026
Durante los simulacros de terremoto en las escuelas, muchos recuerdan la misma instrucción: esconderse debajo de un pupitre y, cuando termine el temblor, evacuar en fila hacia el patio. Sin embargo, en Japón está creciendo una iniciativa para actualizar estos ejercicios y enseñar a las personas a pensar y actuar según las circunstancias de cada situación.
El objetivo es que niños y adultos desarrollen la capacidad de identificar los peligros de su entorno y tomar decisiones para protegerse, incluso cuando no haya un docente o un adulto cerca.
Cuando seguir una rutina puede aumentar el peligro
En 2017, una escuela primaria de la prefectura de Yamanashi realizó un simulacro de evacuación sin previo aviso durante el recreo. Cuando sonó la alerta de terremoto, muchos alumnos que estaban jugando en el patio regresaron corriendo al edificio para esconderse debajo de sus pupitres.
Sin embargo, según el profesor Yasunori Hata, de la Facultad de Gestión de Crisis de la Universidad Nihon, quienes permanecían en el patio podían estar expuestos a menos peligros que quienes regresaban al edificio, donde existía el riesgo de caída de objetos y rotura de cristales.
El especialista explicó que los simulacros tradicionales pueden convertir determinadas acciones en rutinas automáticas, pero que estas no garantizan la seguridad en todas las circunstancias.
Cuatro claves para mejorar los simulacros
La escuela primaria Komatsu, situada en Kasukabe, prefectura de Saitama, comenzó a realizar ejercicios sorpresa después del terremoto de 2011 en el este de Japón. La iniciativa busca que los alumnos puedan actuar por sí mismos, incluso cuando no tengan un docente cerca.
Según las recomendaciones del profesor Hata, los simulacros deberían incorporar cuatro elementos:
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Realizarlos sin previo aviso, para practicar una respuesta ante situaciones inesperadas.
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Utilizar alertas urgentes de terremoto, enseñando tanto su utilidad como sus limitaciones.
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Practicar durante recreos y actividades de limpieza, cuando los alumnos pueden encontrarse lejos de sus profesores.
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Revisar las decisiones después del ejercicio, identificando qué acciones fueron adecuadas y cuáles podrían mejorarse.
Durante la revisión posterior, por ejemplo, se puede analizar si era más seguro alejarse inmediatamente de las ventanas que intentar cerrar las cortinas para evitar que los cristales se dispersaran.
Identificar los peligros en casa y en el entorno cotidiano
La preparación no tiene que limitarse a las escuelas. También es posible practicar en casa, en el trabajo o durante los recorridos habituales.
La propuesta consiste en observar el entorno e imaginar qué podría ocurrir si comenzara un terremoto: ¿podría caer una estantería?, ¿hay ventanas cerca?, ¿qué objetos podrían desplazarse?, ¿dónde sería posible protegerse de los objetos que caen?
El Departamento de Bomberos de Tokio también ofrece experiencias virtuales que permiten observar una vivienda, una escuela o una ruta escolar y simular los efectos de un terremoto. Estas herramientas ayudan a reconocer peligros antes de que ocurra una emergencia.
¿Es suficiente agacharse y cubrirse la cabeza?
Una de las posturas que se enseñan habitualmente en Japón es la llamada postura del escarabajo bola, en la que la persona se agacha, se hace un ovillo y protege la cabeza con los brazos.
Sin embargo, las pruebas descritas en el informe mostraron que esta posición puede resultar inestable durante movimientos intensos y dificultar la observación del entorno. El especialista destacó que no existe una única postura adecuada para todas las situaciones.
La respuesta debe adaptarse al lugar y a los peligros presentes. En términos generales, es importante proteger la cabeza y el cuerpo, mantenerse alejado de ventanas y objetos que puedan caer cuando sea posible y seguir las indicaciones de las autoridades. Intentar desplazarse durante una sacudida fuerte puede ser peligroso, por lo que cualquier movimiento debe depender de las condiciones concretas y de la existencia de un peligro inmediato.
Aprender a pensar para proteger la vida
La idea central es que los simulacros no deberían limitarse a repetir instrucciones, sino también ayudar a desarrollar la capacidad de observar, evaluar los riesgos y tomar decisiones.
Las familias pueden empezar recorriendo juntas la vivienda o el camino a la escuela para identificar posibles peligros y conversar sobre cómo actuar ante un terremoto.
Prepararse significa no solo saber qué hacer, sino también aprender a reconocer qué es lo más seguro en cada situación.



