Aprender a disfrutar de cada instante lleva su tiempo, más no es complicado cuando practicas la Atención Plena (mindfulness).
La atención plena nos sirve para disfrutar de lo que tenemos que hacer en cada instante sin que nos secuestre la angustia o la ansiedad.
Todos tendemos a identificarnos tanto con nuestros pensamientos, que los seguimos sin cuestionar de dónde proceden.
Cualquier pensamiento provoca emociones y ahí es donde sentimos que “esa emoción soy yo”. Pero las personas somos más que sentimientos y emociones. Con la práctica de la atención plena aprendemos a distanciarnos de nuestras emociones, a ser observadores de lo que experimentamos y a desarrollar la capacidad de transformar nuestra respuesta para, así encontrar un punto de equilibrio interno que nos ayude a superar las circunstancias adversas.
La atención plena se basa en la práctica de la meditación y consiste en unos ejercicios sencillos y fáciles que todos podemos hacer. No requieren ninguna preparación especial y se pueden realizar en cualquier lugar.
¿Qué nos aporta en la vida diaria?
La atención plena nos puede servir para estar más relajados y tranquilos, para prevenir y combatir el estrés, en especial del día, al que no le damos la importancia real que tiene. Por ejemplo, esa tensión que experimentamos mientras estamos haciendo la cola en un banco o en la espera de una consulta u hospital, o mientras viajamos en un medio de transporte en la hora punta, o cuando estamos en medio del tráfico. Lo que conseguimos con la práctica de la atención plena es evitar que el estrés se nos acumule en exceso y lograr volver lo más rápido posible al punto de equilibrio, al punto de estabilidad física y emocional o a lo que se llamaría también nuestra ventana de tolerancia.
Y en pocas palabras, nos ayuda a vivir mejor y nos sirve para vivir el momento presente en toda su intensidad. Con la atención plena, nuestra mente está aquí y ahora y el primer efecto inmediato que conseguimos es la serenidad y la tranquilidad. Si estamos calmados, vemos las cosas con mayor claridad y podemos rendir mejor en nuestro trabajo o estudio. Nos rinde mejor el tiempo, mejora nuestra autoestima y tenemos más confianza en nosotros mismos. Nuestro buen humor se deja ver en todo momento; así, el trato con los demás es más agradable, logrando mejores relaciones y estabilidad en todo lo que hacemos.
Pero, ¿qué es en sí el mindfulness? ¿Y cómo se integra en la vida cotidiana?
Las dos palabras clave son: respiración y observación.
Lo más sencillo es empezar a observar nuestra respiración. Siéntate en un lugar tranquilo donde no puedan molestarte por unos minutos. Y simplemente contempla el ritmo respiratorio, sin tratar de cambiarlo, sin forzarlo y de manera natural sentir su ir y venir.
Este es un ejercicio básico de meditación y no requiere ninguna preparación. Puede que al principio te resulte difícil y te distraigas con facilidad, pero no te preocupes, el truco consiste en volver a observar tu respiración y poner tu atención en ella una y otra vez. Con la práctica podrás realizarla en cualquier lugar.
¿Cómo hacer uso de la atención plena?
Para superar el estrés cotidiano, nos puede servir recordar este acrónimo: IRIS.
1. I. Identificar la situación. Percibe la situación, cuando tiene lugar tal y como ocurre.
2. R. Observar y controlar la respiración. Pon tu atención en tu respiración. Observa cómo inhalas y exhalas, contando por ejemplo tres a la hora de inhalar y tres a la hora de exhalar el aire. Alargando cada vez un poco más la respiración, llegando a contar 5 o 6 cada vez.
3. I. Invertir o relativizar. Piensa en las cosas de otra manera, invierte el punto de vista y relativiza tus opiniones. Ponte en el lugar de la otra persona implicada. Elimina los sentimientos negativos con otras ideas.
4. S. Sentirse de buen humor. Busca en tus recuerdos aquellas experiencias que te hacen sentir bien, recuerda algún chiste gracioso y cuéntaselo a los demás. Ríete mucho y contagia a los demás.
Con estos cuatro sencillos pasos, una situación irritante se convertirá en benefactora y te dará la oportunidad de sonreír a la vida.
Por: Irma Aráuz L.



