Un terremoto de magnitud 5.5 sacudió el este de Japón, especialmente la región de Kanto, la tarde del martes, con epicentro en el sur de la prefectura de Ibaraki. Según la Japan Meteorological Agency, el sismo alcanzó una intensidad de 5 bajo en la escala japonesa en zonas del sur de Gunma y el norte de Saitama, donde el movimiento fue más fuerte. A pesar de la magnitud, las autoridades confirmaron que no existe riesgo de tsunami.
El impacto en la infraestructura fue limitado y principalmente preventivo. Varias líneas del Shinkansen, incluyendo el Hokuriku y el Joetsu, suspendieron temporalmente sus servicios para realizar inspecciones de seguridad, mientras que el Tokaido experimentó un breve corte eléctrico. Sin embargo, todas las operaciones ferroviarias fueron reanudadas una vez confirmadas las condiciones de seguridad. En el ámbito aéreo, las aerolíneas Japan Airlines y All Nippon Airways informaron que sus vuelos desde y hacia los aeropuertos de Haneda, Narita y Fukushima no sufrieron alteraciones.
Asimismo, los operadores de plantas nucleares en Fukushima, Ibaraki y Niigata señalaron que no se registraron anomalías en sus instalaciones y que los niveles de radiación se mantienen estables, descartando cualquier impacto en este sector sensible.
Durante el evento, también se observó un fenómeno conocido como “movimiento sísmico de periodo largo”, caracterizado por oscilaciones lentas que afectan principalmente a edificios altos. La agencia meteorológica indicó que se detectó un nivel 1 —el más bajo en esta escala— en algunas zonas, lo que pudo provocar balanceos perceptibles en estructuras elevadas y movimiento de objetos colgantes.
Aunque no se reportaron daños graves ni víctimas, el sismo volvió a poner de relieve la constante actividad sísmica en Japón y la importancia de sus protocolos de prevención, que permitieron una respuesta rápida y ordenada ante el evento.



