El bautismo japonés: Omiyamairi y Oshichiya

Dentro de cada país o región, existen algunas costumbres que desconocemos y resultan interesantes cuando las conocemos a pleno y descubrimos la similitud con nuestra cultura. Los latinos que residimos en Japón, sabemos que aquí no existe el sacramento del bautismo (independientemente de las ceremonias que se puedan realizar dentro de colonias extranjeras), al menos no desde la perspectiva religiosa que conocemos.

En Japón existen dos ceremonias que vendían a ser el equivalente al bautismo que conocemos aunque con concepto diferente, una de ellas es Omiyamairi (お宮参り) que consiste en llevar al niño, aproximadamente después de un mes de nacido, a un santuario sintoísta para agradecer a las deidades por su nacimiento y orar por su bienestar mientras que un sacerdote cita el nombre del bebé y de sus parientes para luego hacer un ritual.

La otra ceremonia es más sencilla y se trata de un curioso ritual llamado Oshichiya (お七夜) que traducido literalmente al español sería «siete noches», en la que los padres le dan un nombre al recién nacido. Al igual que el bautismo que los latinos conocemos y aunque el concepto es diferente, nombrar un padrino y/o madrina Natsukeoya ( 名付け親) es lo que se estila en esta ceremonia. Natsukeoya traducido literalmente al español sería «El padre que pone el nombre»; cabe mencionar que en algunas películas occidentales traducidas al japonés se utiliza la palabra Natsukeoya para referirse a lo que nosotros conocemos como padrino o madrina.

El ritual Oshichiya consiste en escribir el nombre del recién nacido en un papel llamado Meimeishi (命名紙) donde también se escriben datos como fecha de nacimiento, nombre completo, nombre de los padres, nombre del padrino si lo tuviese, etc. Luego, el Meimeishi es colocado en el altar religioso (kamidana) o en un lugar especial que algunos hogares tienen llamado Tokonoma; también se suele pegar en un lugar de la cuna, muy cerca a la cabeza del niño. Tal vez quienes hayan tenido la oportunidad de visitar a un recién lo han y quienes tengan un cónyuge japonés, si aún no han participado de esta ceremonia, lo harán en su momento.

Dejando de lado el concepto tradicional y adentrándonos un poco más en las curiosidades que encierra este ritual, se dice que antiguamente, al nacer un niño no era extraño que perdiera la vida antes de llegar al sexto día debido a factores como falta de la adaptación climática, condiciones de parto, falta de conocimientos en el campo de la medicina en aquella época , etc.; por lo cual se esperaba que el niño pasara un periodo de prueba antes de convertirlo oficialmente en un miembro de la familia y aunque esta expresión suene quizás insensible, así se pensaba tiempo atrás. Es por eso que hasta nuestros días, los padres esperan 7 días para comprobar que el niño goza de buena salud.

Si indagamos un poco más sobre el porqué se espera siete noches para ponerle nombre a un recién nacido, se pueden encontrar más explicaciones entre las que existe otra muy curiosa que lleva un toque de «leyenda urbana» . Esta explicación señala que un recién nacido al venir a este mundo terrenal tendrá que afrontar la adaptación no solo al mundo carnal sino también a aquellas entidades que habitan en el mundo espiritual, todo esto durante siete noches; esta prueba confirmaría que el niño es lo suficientemente fuerte y digno como para recibir ese gran regalo que es la vida.

Otra curiosidad o mejor dicho superstición que también nace de este ritual, es que a la hora de elegir un nombre para el recién nacido, se debe tener mucho cuidado ya que podría influenciar en su destino, en su personalidad e incluso en su salud; así como también se dice que existen algunos kanjis que por su contenido negativamente supersticioso no se recomiendan usar.

Por: Luis Guillermo Shimabukuro

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