Los Ainu: Primeros habitantes de Japón

Los primeros habitantes de lo que hoy conocemos como Japón fueron los Ainu, un grupo étnico originario de la isla de Hokkaido (北海道) y el norte de la isla de Honshu (本州) en Japón, así como también Sajalín y las islas Kuriles en Rusia. Los Ainu tienen orígenes muy antiguos y difusos, sin embargo, actualmente se les relaciona con la expansión de los primeros pobladores de Asia y con los pueblos de Siberia. Los Ainu, de hecho, no son ni japoneses ni tampoco rusos, y sus diferencias se muestran incluso en las características corporales, como, por ejemplo, el cabello ondulado, el vello corporal abundante, la barba y el bigote, los ojos castaños, sin pliegue epicanto (piel del párpado superior), la nariz prominente, y la notable longitud del tronco en relación a las piernas. Tienen un «aire” caucásico, lo que no deja de ser hasta cierto punto verdad. La cultura tradicional ainu —y también su lengua, para más señas, ágrafa— es muy diferente de la japonesa. Cazaban osos, ciervos, peces, focas y ballenas con arcos y flechas y la agricultura les era ajena. La dieta ainu estaba compuesta básicamente por carne de venado y salmón a diferencia de la japonesa, cuyo componente omnipresente es el arroz. Al alcanzar determinada edad dejaban de afeitarse, así que los hombres más viejos tenían enormes barbas y bigotes.

Al comenzar la pubertad, las mujeres se tatuaban la boca, brazos, los órganos genitales externos y, en ocasiones, la frente.

Desde hace más de 18 mil años los Ainu ya habitaban Hokkaido pero también vivían en la mayor parte de Honshu y algunas zonas de China y Rusia. Durante el primer milenio de la era cristiana el país ainu era tierra inhóspita y casi desconocida para el resto del país. A partir del siglo XVII, el pueblo Yamato (大和) —el grupo étnico mayoritario japonés— llegó a tener presencia en los territorios de los Ainu. A lo largo de los sucesivos siglos, los Ainu fueron empujados cada vez más hacia el norte por las étnicamente distintas y expansivas tribus de Honshu. Si bien su cultura ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, los Ainu se han visto someti-dos a una gran presión a causa de la marea de inmi-grantes japoneses durante el pasado siglo, y ahora su proceso de asimilación es acelerado. En la era Meiji (segunda mitad del siglo XIX) el gobierno los incorporó a la nación japonesa en calidad de «dojin” (土人) —algo así como «nativos” o «aborígenes—, en contraposición a los Yamato, que se denominan «wajin” (和人) —es decir, «japoneses” —. Durante el siglo XX, su cultura empezó a decaer, aún más, no sólo por la influencia de los japoneses sino de la cultura occidental. En 1973, los Ainu se reunieron por vez primera en una asamblea para reivindicar los derechos de este pueblo en la nación japonesa. Se ha comprobado por estudios genéticos que son descendientes directos de los primeros habitantes de Japón y que los japoneses actuales son producto de mezclas de migraciones provenientes de China y de Corea. A pesar de ello, los Ainu han sido reprimidos y relegados por las políticas gubernamentales japonesas desde finales del siglo XIX, cuando se les obligó a dejar su forma de vida como pescadores-cazadores-recolectores para asumir la forma de vida japonesa basada en la agricultura. También se les obligó a dejar sus ritos y se les forzó a utilizar nombres japoneses. En la actualidad las estadísticas dicen que existen cerca de 25 mil Ainu en Japón, aunque se cree que la cifra es superior ya que muchos de ellos, como una forma de protegerse de la discriminación, niegan su origen y se han mezclado en matrimonio con los japoneses.

En junio de 2008 el parlamento japonés aprobó por unanimidad una resolución en la que se reconoció a los Ainu como «un pueblo indígena con su propia lengua, religión y cultura”. Este reconocimiento, si bien tiene un valor más simbólico que práctico, reivindica a los Ainu como una minoría étnica y quebró la política oficial de homogeneidad racial por la que el gobierno no reconocía la existencia de grupos étnicos distintos al pueblo japonés. Como colofón, atento lector, dos datos: Hokkaido fue un nombre impuesto en el siglo XIX por la administración japonesa; el antiguo nombre de la isla en idioma ainu era Yeso o Ezo (蝦夷). La capital de Hokkaido, Sapporo (札幌), tiene también etimología ainu: Gran río seco.

Miguel Ángel Fujita
Graduado en Literatura U.N.M. de San Marcos - Perú
Profesor de español en la A.I. de Toyokawa
E-mail elchasquicorreo@hotmail.com
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